Cambiar de cámara reflex a mirrorless

Por: Ana Caco

Compré mi primera cámara cuando estaba en la prepatatorio, una reflex marca Nikon modelo D5300. No fue una compra impulsiva: ahorré durante un par de meses y, aprovechando una promoción, adquirí un kit con dos lentes. Para mí era enorme. No solo por el tamaño físico, sino por lo que representaba, mi propia cámara.

Durante muchos años esa cámara fue mi compañera de viajes y aventuras. Me acompañó a fotografíar a mis amigas, las salidas familiares, mis primeros viajes sola y fue testigo de mi cariño por la fotografía de naturaleza. El kit contaba con dos lentes: un 18-55mm muy común, popular y útil y un 55-200mm, mi primer teleobjetivo, desde el principio me encantaba usarlo y poder acercarme más a detalles que me gustaba fotografiar. 

Durante la pandemia, mi interés empezó a inclinarse cada vez más hacia la fotografía de naturaleza. Caminatas largas, salidas tempranas y mucho tiempo de espera. Fue ahí cuando surgió la idea de cambiar a una cámara mirrorless, más ligera, un enfoque más rápido y veloz.

Me tarde unos años en analizar opciones y ahorrar. No era una decisión que sentía debía tomar a la ligera.

Al final una Nikon Z5 fue la ganadora, no me sentía lista de cambiar de marca de cámara y fue la opción que mejor se ajustó a mi presupuesto. Los primeros meses fueron raros, aunque es más ligera y silenciosa, me sentía incomoda con el funcionamiento, veía rara la pantalla porque al final todo es digital. El cuerpo se sentía distinto en mis manos, el visor electrónico mostraba la imagen “terminada” incluso antes de apretar el obturador y sentía que estaba perdiendo parte del proceso.

Venía de años de mirar a través de un visor óptico, de imaginar cómo quedaría la foto después. Y se pronto, la cámara me daba demasiada información, era abrumador, más cuando salia al campo. Con el tiempo, el cuerpo nuevo dejó de sentirse extraño y poco a poco fui adaptandome a su forma de disparar. Hoy agradezco lo ligera que es cuando camino horas y la precisión del enfoque cuando un animal aparece solo por segundos.

Cambiar de réflex a mirrorless no es solo una decisión técnica, tenemos que entrenarnos para que el cambio de equipo y de ritmo sea lo más efectivo para nuestro trabajo. No es mejor ni peor, es distinto. Al final, la cámara es nuestra compañera, pero lo que siempre se quedará, es la manera en la que decidimos retratar al mundo.

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